rojodemivida: by? (amigos)
gritando te quiero me voy a morir ♪ ([personal profile] rojodemivida) wrote2011-09-10 03:25 pm

vi.

fecha 3 – san Lorenzo: 3 vs. argentinos: 1.
sebastián luna/emanuel giglioti.
menciona: entrevistador de libero (entrevista real),



.somos responsables, ahora y siempre.


Sebastián todavía está riéndose cuando se apaga la cámara de Líbero, a Emanuel le cuesta dejar de mirarlo, tiene que concentrarse apropósito en otra cosa (el periodista, la gente que pasa, la cámara esa y lo que debe pesar…) para no quedarse con la vista fija en el defensor y quedar expuesto a (más) gastes.

—Gracias chicos— les dice de nuevo el periodista y tanto él como Sebastián responden lo esperado antes de empezar a alejarse.

—No vas a dejar de lloriquear ¿no?— le pregunta Emanuel, sin mala intención, sino conteniéndose para no reírse.

—Agradece que no dejaste marca, sino no te dejaría en paz nunca— dice Sebastián con descaro, y eso hace que a Emanuel se le escape una risotada espontanea. Divertido con la situación en sí, le pasa el brazo por los hombros a Sebastián y lo acerca hacia él, la cabeza de su compañero queda en el hueco entre su cuello y su hombro y Emanuel siente la risa de Sebastián vibrar contra él.

—Te hice mierda— dice de nuevo, no lo suelta y quizás los dos están caminando un poco incómodos, pero Sebastián no se está quejando así que Emanuel no se mueve.

Se, ya dijimos eso— está de acuerdo Luna, seguro que está pensando en el momento apenas terminó el partido cuando Emanuel reconoció la patada que le había dado.

—Nunca te pedí perdón ¿no?

Están entrando al club ya, las voces de los hinchas y de la gente empiezan a sonar más distantes, casi como murmullos. Emanuel todavía no lo soltó ni Sebastián trató de soltarse, pero la puerta de entrada de atrás, normalmente usada por proveedores y gente de mantenimiento, es de suficiente tamaño para que los dos entren cómodos al pasillo que hay antes del predio per se.

—Creo que no, que hijo de puta.

—Che, en la cancha mientras te morías de dolor te lo debo haber dicho.

—No me acuerdo, el sufrimiento me anulaba el escuchar— Sebastián lo dice con tanta seriedad que para seguirle el juego Emanuel tiene que morderse el labio de abajo y no dejar que se le escape la mueca.

Se detiene y al frenar también evita que Luna siga avanzando, lo tiene pegado contra él todavía.

—Bueno, Lunita, perdóname— le dice, lo más serio que le sale y mirándolo a los ojos.

—Te perdono, no es tu culpa ser grandote y bruto— dice sin pestañear el otro.

Emanuel quiere enojarse, quiere putearlo y decirle que no se haga el piola que con su cara de boludo no puede ni hablar. Pero cuando va a decir todo eso se da cuenta de que lo tiene ahí, ahí en frente, que todavía tiene su brazo alrededor del cuello de Sebastián y que si se acerca un poquito – y bueno, se acerca un poquito, le pone la boca encima de la suya a Sebastián. Que se sorprende primero, pero enseguida se relaja y Emanuel hasta puede sentir la sonrisa en el principio del beso; hasta que deja de ser nomás un apoyo de labios sobre labios y se convierte en un beso de verdad, con lengua, con dientes, con ganas y con Emanuel empujando a Sebastián contra la pared.

—Si me vas a pedir perdón así todas las veces, pégame cuanto quieras Emma— se ríe Luna con la boca contra el cuello de Emanuel, quien decide que en algún momento va a usar eso en contra de su compañero.

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